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El microbioma intestinal está asociado a síntomas autistas en ratones
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Fecha de Publicación: 12-12-2013
Fuente: Microbiota Modulate Behavioral and Physiological Abnormalities Associated with Neurodevelopmental Disorders., Cell
Renderizado artístico de una población bacteriana
Un estudio publicado recientemente relaciona trastornos el autismo con un posible desorden en el microbioma intestinal. Existen numerosos estudios que indican una incidencia especialmente relevante de trastornos intestinales como diarrea o estreñimiento crónico en niños autistas. Un grupo de investigación ha tratado de relacionar esta incidencia con otros estudios acerca del efecto beneficioso de una cepa no tóxica de una bacteria, la especie Bacteroides fragilis, la cual parece restaurar el intestino dañado en otros procesos que afectan al tracto digestivo, como la enfermedad de Crohn. Sin embargo, el mecanismo mediante el cual esta reparación se produce aún se desconoce. La cuestión que plantea este estudio es interesante y novedosa: ¿existe alguna relación entre el autismo y los desórdenes intestinales que presenta esta enfermedad? Para resolverla, el equipo de investigación ha utilizado un modelo murino de autismo, que concretamente presenta al menos tres de los síntomas propios de la patología: falta de interacción social, comunicación reducida y comportamientos repetitivos. El primer paso obvio consistió en averiguar si estos ratones sufrían los mismos trastornos digestivos que se asocian al autismo en los seres humanos y al parecer ése es el caso. Los ratones “autistas” sufren diarrea igual que ratones normales a los que se trata con un agente químico inductor de colitis. Tras esa comprobación, los investigadores comprobaron si B. fragilis era capaz de revertir esos efectos. Tres semanas después de suministrar la bacteria en la alimentación a los ratones autistas, la flora intestinal de estos ratones llegaba a asemejarse a la de los ratones normales. Pero lo más interesante fue que los resultados de los tests de comportamiento también aproximaban más a los ratones autistas a un comportamiento normal. Desaparecía el comportamiento compulsivo y los niveles de comunicación, medidos en función del número de sonidos ultrasónicos emitidos, eran muy similares a los ratones normales. En cualquier caso, la interacción social no fue restaurada. La demostración de que un modelo murino de autismo ampliamente utilizado muestra problemas intestinales y de que esos problemas podrían estar asociados al comportamiento autista abre una posibilidad interesantísima de tratamiento en el futuro. Sin embargo, aún es muy pronto para utilizar B. fragilis en el tratamiento del autismo, ya que se todavía se desconoce el mecanismo de actuación de esta bacteria. Por eso, se hace necesario resolver todavía muchas preguntas relativas al efecto de B. fragilis antes de iniciar ensayos clínicos en seres humanos.