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La microbiota intestinal es una fuente potencial de nuevos fármacos y terapias
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Fecha de Publicación: 30-12-2010 Última actualización : 30-12-2010
Resumen
La acumulación de evidencias relativas al efecto de la microbiota intestinal en el desarrollo de las funciones de nuestro organismo abre una nueva vía para la búsqueda de fármacos y tratamientos que permitan regular y controlar la composición del conjunto de microorganismos que nos acompañan. Las especiales características de este nuevo campo hacen necesaria una aproximación global que utilice los nuevos paradigmas de la biología de sistemas para ahondar en el entendimiento de la interacción entre la microbiota y nuestro organismo.
Concepto
La microbiota intestinal suprime el “fasting-induced adipocyte factor” , lo que produce un aumento de la protein lipasa que conduce a un aumento de los triglicéridos en el tejido adiposo. A la vez la microbiota intestinal aumenta la absorción de polisacáridos que a nivel hepático aumenta la lipogénesis.

La tradicional aproximación a la búsqueda de fármacos ha sido enfocada tradicionalmente hacia la identificación de un compuesto efectivo que interaccione específicamente con una diana molecular y produzca una regulación o alteración bioquímica que restaure la salud. Sin embargo, esta visión de “un fármaco, una diana terapéutica” deja de ser efectiva cuando hablamos de las complejas redes de regulación establecidas evolutivamente en nuestro organismo, el cual puede entenderse como un superorganismo si tenemos en cuenta el ecosistema que nos acompaña: el conjunto de microorganismos presentes en nuestro cuerpo y más concretamente, la microbiota intestinal.
Un número cada vez mayor de estudios experimentales nos muestra que la microbiota intestinal interviene y tiene efectos decisivos en nuestro cuerpo a nivel metabólico e inmunológico. También comienzan a acumularse en la comunidad científica y médica los datos que sugieren que la microbiota, o más bien las alteraciones en la regulación de la misma, son responsables más o menos directos de muchas enfermedades conocidas, incluyendo la obesidad, la diabetes, enfermedades de naturaleza autoinmune, como la enfermedad de Crohn e incluso procesos cancerosos.
A modo de ejemplo, ha sido demostrado que la microbiota regula el almacenamiento de las grasas. Algunos polisacáridos de la dieta que no son digeribles por nuestro sistema enzimático son hidrolizados por especies microbianas de la flora intestinal, induciendo la absorción de los monosacáridos resultantes y facilitando síntesis de nuevos lípidos en el hígado. Esta sería una función conocida de la microbiota intestinal, la de contribuir a la digestión y absorción de nutrientes. Sin embargo,  la microbiota digestiva también regula la presencia de factores moleculares relacionados con el metabolismo; en el caso del metabolismo de los lípidos, la existencia de la microbiota impide la presencia del factor FIAF (del inglés, Fasting-Induced Adipose Factor), el cual se activa en procesos de ayuno para metabolizar triglicéridos de reserva. Como consecuencia, la microbiota también induce la deposición de triglicéridos en el tejido adiposo.
Éste es sólo un ejemplo de la interacción de la microbiota en nuestros procesos metabólicos, pero da una idea de las consecuencias de la alteración artificial de la microbiota para nuestro organismo. Dicha alteración artificial se produce de forma extremadamente frecuente, sobre todo en las sociedades avanzadas, mediante el uso de antibióticos y la preocupación por la higiene exagerada en los primeros años de vida.
Sin embargo, el hecho de que la microbiota pueda manipularse constituye una fuente de nuevas estrategias terapéuticas. Por ejemplo, podemos eliminar directamente o modificar un microorganismo específico de la microbiota, de forma similar a como actualmente se trata la úlcera péptica eliminado la bacteria causante, el Helicobacter pylori. Tal eliminación puede ser directa mediante antibióticos o mediante vacunación utilizando antígenos específicos de la bacteria a eliminar.
La segunda aproximación toma un enfoque holístico y se basa en la asociación entre una manifestación clínica y el perfil estructural o genético alterado de la comunidad microbiana del tracto digestivo. En este caso, se trata de conocer el perfil de microbiota que podríamos llamar sano, compararlo con el perfil enfermo y establecer las acciones necesarias para manipular la microbiota y restaurar  las condiciones iniciales. Estas acciones incluirían el uso de determinadas combinaciones de antibióticos junto con el uso de prebióticos y probióticos.
Además, el propio ecosistema de la microbiota puede ser fuente de descubrimiento de nuevos fármacos y formas de terapia, ya que produce y secreta metabolitos bioactivos que pueden ser por sí mismos fármacos potenciales. Podemos pensar en la microbiota como un gran biorreactor a desarrollar y manipular, con el objetivo de producir in situ moléculas bioactivas y vacunas de interés preventivo y terapéutico.
En cualquiera de los casos, la investigación farmacéutica orientada a la microbiota intestinal requiere una aproximación que tenga en cuenta las relaciones globales entre el conjunto de microorganismos que la conforman y nuestro organismo. En este sentido, la utilización de estrategias relacionadas con la biología de sistemas, junto con el progreso de la metagenómica y otras tecnologías “ómicas” está en condiciones de permitir ese enfoque hacia el estudio de  los cambios globales de la microbiota y su relación con las patologías humanas.

Bibliografía